Confesión Del Preso
¿Que por qué estoy aquí?
Porque la cobardía de la mujer que amé,
que en su pecho lloré, que sus labios besara,
no dijo la verdad de aquel suceso
y por diez años aquí he estado cumpliendo...
preso.
¡Pero hoy me fugaré, lo juro, hermano!
¡La buscaré y la encontraré!
¿Ves este filo del puñal, que he atesorado?
¡Es para ella...compañero,
por ser un ser malvado!
Lo robé de una celda, en un descuido
de un preso amigo que lo tenía guardado.
¡Mira su filo! ¡Muchas noches he pasado
afilando el puñal con mi veneno!
Pero esta noche de aquí me habré largado
a buscar a la que amé con fiero celo…
¡Se fugó el preso con su puñal al cinto!
Con la rabia y dolor halló el camino
donde vivía su amada. ¡Cruel destino!
Y su venganza fraguaba con instinto!
El instinto que el dolor y la injusticia
convierte al hombre en la fiera feroz;
en un ser de la muerte, olvidando el amor;
el amor que una vez disfrutara con delicia.
Sigiloso, llegó hasta aquella puerta;
a golpes, en la noche, despertaba
a la mujer que hacía sólo un instante se acostara;
que su destino ni siquiera sospechaba,
y a la que el preso, esa noche, quería muerta.
Y la pobre mujer... abrió la puerta!
-¿A qué vienes a esta hora? --preguntó asustada.
-¿Que a qué vengo, me preguntas? ¡Desdichada,
después de estos diez años en la sombra?
¡Vengo a matarte!
¡Vengo a buscar tus entrañas, si es que tienes,
y tu corazón, en pedacitos, a llevarme!
¡Vengo por mis diez años: a reclamarte!
¡Si aquella vez tuviste la valentía
de mandarme a la celda, dura y fría
por cobardía, pues la verdad callaste!
Se hizo un profundo silencio...
Aquella mujer
Vio la rabia en mis ojos! ¡Miró el filo del acero,
y su rostro volteó hacia aquella cuna que, en la sala,
a una niña de meses albergaba,
como para despedirse con un adiós postrero!
¡Y levanté mi puñal hasta su frente!
¡Su filo destellaba con la luna!
¡Vi su rostro de madre, de amor, como inocente!
¡Petrificada, me miraba como loca!
Y clavé aquel puñal... pero sobre mi pecho,
mientras dejaba un tierno beso… allí en su boca!