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La Flor

Allí estaba; felizmente recostada en todo su esplendor. Y su atavío rodaba, en desorden, por el suelo. Sólo cubría su rostro; ¡ el placer era mío ! Sus blancas manos, quietas, allí cruzadas sobre su piel herizada, deseosa de amor. Mis ansias sólo eran dominadas por el dolor de tener que amarla... ¡ sólo con la mirada ! Su cuerpo... ¡ desnudo ! ¡ Ardiente ! Con calor de destello, se revolcaba todo sobre aquella cama; salpicaban las mieles de lujuria, abrazada a una flor, que sostenía entre su cabello! Y entonces quedé estático; se me hicieron dos nudos. No pude precisar qué era más bello, si la flor que había incrustada en su cabello o aquellos pechos, que estaban frente a mí... ¡ desnudos !
©R.Cortés
Rafael Angel Cortés