Volver al índice

El Vuelo Del Palomo

Autor: Rafael Angel Un palomo que volaba queriendo ir al infinito, y llevaba en su piquito una carta allí pillada. Y un águila que pasaba a su lado se acercó. Y al ver la carta sintió curiosidad despiadada. ¿Qué traes ahí— preguntaba—, que has venido hasta la altura? Y vio llorar de amargura al palomo que avanzaba. Y como no contestaba a su pregunta tan necia, de un tirón y sin clemencia, la carta le arrebataba. La lucha allí comenzaba. Y el palomo, en desafío, asomó todo su brío ante el águila malvada. El palomo le picaba las alas al aguilón; pero es que aquel compadrón, era grande, y abusaba. La carta, ya maltratada, se dirigía hasta la tierra, mientras en el aire, guerra, entre dos se desataba. El águila, ya enojada, abusó de su poder, y un picotazo en su haber, al palomo propinaba. La sangre ya se alojaba en las alas del palomo que en caída, como un plomo, hacia la tierra enfilaba. Y la muerte le esperaba a aquel palomo valiente. Mientras caía, de repente, vio que el viento le acercaba aquella carta sagrada que habría de causar su muerte. Carta y palomo, de suerte, al unísono estrellaron. Y pasaba allí un paisano que, como testigo, vio cuando el palomo cayó, y una cartita a su lado. (Curiosidad ha matado de igual forma a mucha gente.) Y el paisano, de repente, también lo mismo sintió. Tomó el sobre y lo rasgó, y había un papel que decía: —`Esta carta, vida mía, te la envío porque te amo. Estoy en otro oceano y no alcanzo a comprender, por qué yo amo a una mujer, que vive allá en lo lejano. No puedo darla en tu mano, pero la entrega es segura; no te llenes de amargura cuando recibas mi sobre; ésta es la vida del pobre, pero, como pobre, te amo. Este palomo es muy sano; por eso te la envío con él. Y si ya al anochecer por fin ya me has contestado, ponla en su pico, que ufano, él me la vuelve a traer.`— Dice el paisano: `—Hay que ver, lo que hace un enamorado.— Toma el sobre ya estrujado, del palomo que moría, allí, a su lado, ponía aquel bendito papel. Y se asomó para ver en el momento apropiado, al palomo, desangrado, balbuseando en su agonía: —`Todo lo que yo quería era cumplir mi mandado.`— El paisano, acongojado, tomó al palomito aquel, justo para poder ver que una lágrima corría de sus ojos. Fue aquel día, trágico y desventurado.
Rafael Angel©
Rafael Angel Cortés